Ya estamos en septiembre

Y mientras en el PAN siguen echando carreritas la Pina, el Santi, y el malhadado Cordero que a nadie le cuadra pero ahí está; la izquierda sigue sin dar color –ocasionándome un terrible sentimiento de orfandad política – y hecha un desmadre; y el PRI se relame los bigotes con su SÚPER candidato el chico Gel, lo único que se me ocurre hacer es buscarme una bonita noche mexicana a dónde meterme y buscar en la fiesta refugio a mis mortificaciones izquierdosas, pero con mucho gusto.
Me explico.
Si se fijan, uno de los grandes avances que hemos tenido como mexicanos es precisamente esto, que ahora nos podemos alegrar, preocupar, o mortificar por lo que pasa en los diferentes partidos y por la contienda en cada uno de ellos para elegir a su respectivo candidato, y que podría cada uno de nosotros tener un pre-candidato favorito, o si no, por lo menos un “peor es nada”. Yo, por ejemplo, me inclino por el carnal Marcelo con todo y novia nueva para candidato de la izquierda… sin embargo me mortifica el arrastre que trae don Andrés López Obrador, y me preocupa la sucesión en el gobierno de mi pueblo… es decir… la Muy Noble y Muy Leal Ciudad de México.
Y no es que sea yo muy mayor, pero recuerdo que cuando comencé a tener algo de conciencia política, allá por los años de don José López Portillo (1976-1982), en los periódicos, las noticias, y las revistas pertinentes, la discusión sobre temas políticos se llevaba a cabo en las altas esferas, y la información que teníamos los mexicanos se limitaba a plantearnos, según cada gurú político, quién sería el tapado del PRI, es decir, para dónde apuntaría el dedo del presidente para designar a su sucesor… ¿se fijan? Les estoy hablando de hace unos 20 años, que es lo que a mí me consta – y créanme: no tengo treinta (je,je) –, cuando las caricaturas de los moneros de los periódicos y revistas, y los debates en programas como Contrapunto, no tomaban en cuenta la opinión de los ciudadanos… simplemente se dedicaban a maliciar y especular quién sería el próximo candidato del PRI.
Hoy todo el mundo opina, desde los comentaristas de la radio y la tele, los columnistas del periódico, y ahora también se arman unos muros de lamentaciones cibernéticos lindísimos en redes como Twitter y Facebook… ¡Todo el mundo a quejarse! ¡Todos a exigir sus derechos! ¡Todos a creticar! Y esto me parece muy bien porque me da la oportunidad de reflexionar sobre los avances en materia de la libertá de expresión, imagínense si éstos medios existieran en épocas de don José, o don Miguel de la Madrid en las que SÍ existía censura y harta limitación. Hoy la banda (es decir, cualquier persona que sepa picarle a una computadora) puede cuestionar vía TT, o buscar el blog de la personalidad, o su perfil de FB para reclamar o exigir una satisfacción sobre al tema de su preferencia. El próximo paso es que ocurran las cosas y se vean los efectos de este diálogo abierto, ¿no? Y también que los mexicanos, con la misma ferocidad y denuedo con los que exigimos, subamos a las redes nuestros compromisos, o qué es lo que estamos aportando para hacer que las cosas sean mejores, como por ejemplo: la raza de las bicis, que tanto exigen sus derechos, que también se comprometan públicamente a respetar las leyes de tránsito – el sentido de circulación, semáforos, tocar la campanita cada que observen un peatón atarantado parado en su carril (perdón, pero he sido abruptamente embestida por ciclistas en dos ocasiones, no tocaron la pinche campanita que traen y casi me llevan de corbata así nomás), no circular por las banquetas, etc. -, o por ejemplo, que se arme un debate o grupo de ciudadanos que SÍ separan su basura, y le echen montón a los que no lo hacen, o también se me ocurre hacer una cadena entre la gente que usa el transporte público para ya NO hacer paradas intermedias a los autobuses, pues he visto que muchos microbios paran para que la gente aborde en donde les da la gana, y muchas cosas más… Esto sería también muy constructivo, ¿no?
En fin, como decía yo, ya es septiembre y es un mes patriota, y más allá de colgar cadenas de colores en casa, vestirme de china poblana, cantar “Miii ciudad es chinampaen unvalles condiiidooooooo…” y rellenarme la barriga con pozole, tostadas de pata, y agüita de sabor, creo que el valor de sentirse mexicano hoy en día radica más en la conciencia de estar actuando bien, y confiar en que, si hay muchos mexicanos de séptima categoría – como los huevones del SME, los pinches narcos, y malhechores de todo tipo – somos más los mexicanos de primera, que declaramos impuestos con claridad, respetamos, y exigimos que se nos trate bien, porque para eso también nos portamos bien. Y por nosotros y con nosotros este país seguirá adelante.
¡Buen comienzo de septiembre y…!
¿Alguien me invita a su fiesta… porfa?

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La Bruja se construye con arquitectura e historia, se deconstruye con cigarro y tequila, y escribe lo que sucede mientras se reinventa.